Canadá redefine su política hacia China

Canadá ya no se limita a tomar partido discretamente. El giro de Mark Carney hacia China supone un rechazo calculado a la presión económica de Estados Unidos y una apuesta por que el futuro orden mundial se configurará tanto en Pekín como en Washington.

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mark carney shaking hands with china xi ping

El primer ministro canadiense, Mark Carney, ha decidido restablecer las relaciones con China y ha anunciado una nueva alianza estratégica durante una visita a Pekín que incluye recortes arancelarios y cambios en los visados, lo que supone un importante giro alejándose de Estados Unidos en un momento de profunda tensión dentro de la alianza occidental.

Junto al presidente Xi Jinping, Carney enmarcó el cambio como una respuesta pragmática a un orden mundial cambiante, argumentando que la relación de Canadá con China se ha vuelto más predecible que sus cada vez más tensas relaciones con los Estados Unidos liderados por Trump.

Una relación en profundo congelamiento

La visita fue notable no solo por su contenido, sino también por su simbolismo. Fue el primer viaje a China de un primer ministro canadiense en casi una década, tras años de enfriamiento diplomático.

Las relaciones se deterioraron considerablemente en 2018, cuando Canadá detuvo a un ejecutivo de Huawei en Vancouver por orden de Estados Unidos, lo que llevó a China a detener a dos canadienses. Aunque los tres fueron liberados en un intercambio en 2021, las relaciones no se recuperaron y, en 2024, la preocupación por la injerencia china en la política canadiense dominaba el debate interno.

En ese contexto, el viaje de Carney a Pekín supuso una clara ruptura.

Lo que acordaron Carney y Xi

A partir del 1 de marzo de 2026, Canadá permitirá la importación de hasta 49 000 vehículos eléctricos chinos con un arancel reducido del 6,1 %, frente al arancel del 100 % impuesto en 2024 a instancias de Washington.

A cambio, China concederá la exención de visado a los turistas canadienses y eliminará o reducirá los aranceles sobre una serie de productos agrícolas y mariscos canadienses. Lo más significativo es que China eliminará su arancel del 100 % sobre la harina de canola canadiense y reducirá el arancel sobre las semillas de canola del 85 % al 15 %.

Carney también anunció el ambicioso objetivo de aumentar las exportaciones canadienses a China en un 50 % para 2030.

Más allá de los aranceles: una asociación estratégica

Más allá de las concesiones comerciales inmediatas, ambos líderes declararon una asociación estratégica más amplia que abarca cinco áreas: energía limpia y competitividad climática; ampliación del comercio agrícola y alimentario; un compromiso renovado con el multilateralismo y la gobernanza global; cooperación en materia de seguridad pública y protección; y fortalecimiento de los lazos culturales y entre los pueblos.

Los argumentos económicos a favor del cambio

La economía es el motor más inmediato del reinicio. Después de que Pekín impusiera aranceles de represalia en 2024, las importaciones chinas de productos canadienses cayeron un 10,4 % en 2025. El impacto en los productores de canola fue especialmente grave, ya que supuso el cierre efectivo de uno de sus mercados más importantes.

Las exportaciones canadienses de canola a China alcanzaron un valor de casi 5000 millones de dólares en 2024, lo que convirtió a China en el segundo destino más importante después de Estados Unidos.

Antes de la visita, Carney argumentó que Canadá debe reducir su dependencia de un único socio comercial. En una era de perturbaciones en el comercio mundial, dijo, el país necesita una economía más competitiva, sostenible y resistente, lo que se entiende ampliamente como una referencia a la dependencia de Canadá del mercado estadounidense.

¿Un socio más predecible?

Carney ha sido inusualmente franco al contrastar Pekín y Washington. Afirmó que las conversaciones con los funcionarios chinos habían sido sinceras y coherentes, lo que había dado lugar a una relación más predecible y eficaz que las relaciones de Canadá con Estados Unidos.

Desde principios del año pasado, la administración Trump ha impuesto aranceles a los metales y automóviles canadienses y ha amenazado con medidas adicionales, lo que ha generado incertidumbre sobre el futuro del comercio norteamericano. Según Carney, la integración económica con Estados Unidos, que en su día fue la mayor fortaleza de Canadá, se ha convertido en una vulnerabilidad.

Señal de independencia de Washington

El giro también conlleva un claro mensaje político. Carney asumió el cargo a principios de 2025 en medio de la escalada retórica del presidente Trump, quien no solo amenazó con aranceles, sino que cuestionó repetidamente la soberanía de Canadá, sugiriendo en ocasiones que debería convertirse en el estado número 51 de Estados Unidos.

El reacercamiento a China, junto con los esfuerzos por profundizar los lazos con socios europeos como el Reino Unido, Francia y Alemania, señala una política exterior canadiense más independiente.

Riesgos internos y estratégicos

La estrategia no está exenta de riesgos. La reducción de las barreras a los vehículos eléctricos chinos ha suscitado duras críticas por parte del sector automovilístico canadiense. El primer ministro de Ontario, Doug Ford, advirtió que Ottawa estaba abriendo la puerta a una avalancha de importaciones chinas de bajo coste sin garantizar la correspondiente inversión en la fabricación nacional o en las cadenas de suministro.

Las preocupaciones en materia de derechos humanos también son importantes. Los críticos han señalado la tensión entre la nueva asociación de Carney y su declaración de hace menos de un año en la que describía a China como la mayor amenaza para la seguridad de Canadá.

Carney ha respondido insistiendo en que las «líneas rojas» de Canadá se comunicaron claramente a Xi, y resumió su enfoque con una evaluación contundente: «Aceptamos el mundo tal y como es, no como nos gustaría que fuera».

Una tendencia global que se aleja de Estados Unidos

También existe el riesgo de represalias por parte de Washington, donde es probable que la medida se interprete como un desafío directo a los esfuerzos de Estados Unidos por contener la influencia económica de China.

Sin embargo, el reajuste de Canadá refleja una tendencia global más amplia. En las últimas dos décadas, China ha superado a Estados Unidos como el mayor socio comercial de la mayoría de los países del mundo.

La opinión pública también está cambiando. Una encuesta de GlobeScan realizada el año pasado reveló un aumento de la preferencia por China como potencia mundial líder en los 32 países encuestados, incluido Estados Unidos, mientras que el apoyo al liderazgo estadounidense disminuyó. Pew Research ha informado de una erosión similar del sentimiento proestadounidense en los países de altos ingresos.

Un anticipo de lo que puede venir

En ese contexto, el giro de Carney hacia China puede resultar menos atípico que un anticipo. Con unos altos índices de aprobación interna, podría ofrecer un modelo para otros líderes occidentales que buscan reducir su dependencia de Washington y adaptarse a un mundo en el que el dominio estadounidense ya no se da por sentado.