Puede que el S&P 500 haya alcanzado máximos históricos, pero bajo la superficie el repunte resulta mucho menos convincente. Un liderazgo limitado, el aumento de los rendimientos de los bonos y la creciente dependencia del optimismo impulsado por la inteligencia artificial sugieren un mercado impulsado más por el impulso del momento que por una solidez económica generalizada.
La reciente caída del dólar refleja la protección de los inversores, no una pérdida de confianza en EE. UU. Con las acciones manteniéndose estables, los mercados están señalando una gestión del riesgo en medio de la incertidumbre fiscal y geopolítica, más que una fuga de capitales.